miércoles, septiembre 02, 2009
martes, septiembre 01, 2009
Fósiles (para una antología de lecturas de verano)
Mira al suelo y sigue mirando al suelo. Mira las piedras del camino, ya tan remiradas por caminantes y paseantes que han ido esquilmando las terebrátulas y los belemnites.
Cuando se va en coche por el camino, se deben remover algo las piedrecillas y eso supondrá una esperanza para el caminante, que camina poco y despacio porque va mirando el suelo y se para lo que se dice cada dos por tres, pero sin haber encontrado -lo comprueba cuando se agacha- la piedra que fue animalejo del fondo marino.
Sin haber encontrado nada, piensa entonces en si la piedra fue animalejo o qué era lo que es ahora la piedra cuando el animalejo era sensitivo, a medias duro y a medias blando, y piensa que de esto no ha quedado nada, y menos en ese camino que se interna en el pinar, que espera al caminante como un bosque petrificado.
Tomado de Anton Geesink González, No podemos caminar, Murcia, Como del rayo, 2001.
Cuando se va en coche por el camino, se deben remover algo las piedrecillas y eso supondrá una esperanza para el caminante, que camina poco y despacio porque va mirando el suelo y se para lo que se dice cada dos por tres, pero sin haber encontrado -lo comprueba cuando se agacha- la piedra que fue animalejo del fondo marino.
Sin haber encontrado nada, piensa entonces en si la piedra fue animalejo o qué era lo que es ahora la piedra cuando el animalejo era sensitivo, a medias duro y a medias blando, y piensa que de esto no ha quedado nada, y menos en ese camino que se interna en el pinar, que espera al caminante como un bosque petrificado.
Tomado de Anton Geesink González, No podemos caminar, Murcia, Como del rayo, 2001.
lunes, agosto 31, 2009
Nulla dies (para una antología de lecturas de verano)
Hoy he leído páginas de dos libros, descuidadamente, y he mirado los periódicos. Por eso no voy a citar a ningún autor de los que suelo citar. Los libros son de Rikki Ducornet (en la traducción que leo pone "ostia" repetidas veces con el consabido significado: nada lamelibranquio ni portuario, aunque lo primero sí por contagio) y de Littell, sobre ese amante de la Costa del Sol llamado Degrelle.
domingo, agosto 30, 2009
Competición (para una antología de lecturas de verano)
Encontró algunas ocupaciones singulares, únicas, inconmensurables, que propendían, por tanto, al sueño. Así se convirtió en un rey al que nadie se comparaba. No podía perder. Ni ganar. Y fue dejando de existir.
Tomado de Gustavo Grandmontagne, Las verdades del barbero, Madrid, La biblioteca del Gólgota, 1976.
Tomado de Gustavo Grandmontagne, Las verdades del barbero, Madrid, La biblioteca del Gólgota, 1976.
sábado, agosto 29, 2009
Viudo (para una antología de lecturas de verano)
El niño no deja de jugar a la pelota, pero le gusta que aquel hombre le pregunte si es buen futbolista o si prefiere el frontón. El niño piensa que el hombre no le había visto nunca porque él, el niño, no sabe quién es.
Quizá el hombre intenta una pregunta sobre si el niño va a seguir jugando o si va a dejar de jugar. No suele subir al pueblo y ha dado la vuelta a la iglesia porque no puede esperar en la puerta al otro coche, que por alguna razón se retrasa. El niño, animado por el interés del adulto, un interés que ha interpretado mal, vuelve a dar patadas a la pelota. La pelota rebota en el frontis, que es el muro norte del templo, una vez y otra. El hombre pudiera querer decirle otra cosa, pero se da la vuelta. Se vuelve con sus pantalones, sus zapatos negros, su americana y su camisa blanca. Resignado, desairado por los últimos días o los últimos meses más que por el niño. Quizá eso es lo que siente, haber sido víctima de un desprecio íntimo y al tiempo público. Su único traje y no lleva cinturón. Ahora su casa en la carretera no abrirá la puerta pese al cartel de Coca Cola. Como tampoco en los últimos meses. Sigue nublado, se adivina alguna gota sobre el cemento. Ahora apresura el paso y deja la plaza. El coche negro está por fin a la puerta de la iglesia.
Tomado de José Antonio Pérez Gómez, Mis cosas del pueblo, Valladolid, Castilla Plena, 1968.
Quizá el hombre intenta una pregunta sobre si el niño va a seguir jugando o si va a dejar de jugar. No suele subir al pueblo y ha dado la vuelta a la iglesia porque no puede esperar en la puerta al otro coche, que por alguna razón se retrasa. El niño, animado por el interés del adulto, un interés que ha interpretado mal, vuelve a dar patadas a la pelota. La pelota rebota en el frontis, que es el muro norte del templo, una vez y otra. El hombre pudiera querer decirle otra cosa, pero se da la vuelta. Se vuelve con sus pantalones, sus zapatos negros, su americana y su camisa blanca. Resignado, desairado por los últimos días o los últimos meses más que por el niño. Quizá eso es lo que siente, haber sido víctima de un desprecio íntimo y al tiempo público. Su único traje y no lleva cinturón. Ahora su casa en la carretera no abrirá la puerta pese al cartel de Coca Cola. Como tampoco en los últimos meses. Sigue nublado, se adivina alguna gota sobre el cemento. Ahora apresura el paso y deja la plaza. El coche negro está por fin a la puerta de la iglesia.
Tomado de José Antonio Pérez Gómez, Mis cosas del pueblo, Valladolid, Castilla Plena, 1968.
Reglas (para una antología de lecturas de verano)
Al principio pensó que aquellos jugadores desconocían las reglas o que, conociéndolas, habían optado por una variante heterodoxa. Pero pronto se dio cuenta de que todos, en aquel lugar y en otros, obraban del mismo modo. Buscó referencias y todas les daban la razón a los demás. Se la quitaban, no a su memoria, sino a él mismo, quien –por cierto- había sido un jugador de alguna relevancia.
En su casa no encontró sus antiguos libros sobre la materia. Nada en una primera visita a la biblioteca; acudió a la hemeroteca, pero ningún documento le devolvía a lo que aún creía la realidad, o por lo menos no lo hacía de manera explícita, contundente. No podía salir de allí con documento alguno que mostrar a todos sus tan lejanso congéneres, tras haber convencido al archivero en primer lugar.
Lo que es peor, se tropezó con alguna literatura confabulatoria que casi le hizo construir una barroca conspiración y casi le asegura su correlativa importancia personal. Estuvo, en fin, a punto de abandonar y dar por buenas las reglas nuevas: al fin y al cabo...
Sin embargo, en el último momento supo que la verdadera lección de todo el asunto no era una que alimentase alguna paranoia venial o mortal, que apuntase a la improbabilidad como único criterio de auténtica certeza, que arguyese el contrato como fundamento tácito o explícito de las reglas y las normas. La verdadera lección era que ahora él podía dar a conocer las antiguas reglas y convertirse en un innovador para siempre recordado de un juego tan popular y, hasta entonces, de tan rígido y tradicional reglamento.
Tomado de Juan Mari Arespacochaga Quesada, Mira tú por dónde, Santander, Ediciones del Séptimo Pereda, 2002.
En su casa no encontró sus antiguos libros sobre la materia. Nada en una primera visita a la biblioteca; acudió a la hemeroteca, pero ningún documento le devolvía a lo que aún creía la realidad, o por lo menos no lo hacía de manera explícita, contundente. No podía salir de allí con documento alguno que mostrar a todos sus tan lejanso congéneres, tras haber convencido al archivero en primer lugar.
Lo que es peor, se tropezó con alguna literatura confabulatoria que casi le hizo construir una barroca conspiración y casi le asegura su correlativa importancia personal. Estuvo, en fin, a punto de abandonar y dar por buenas las reglas nuevas: al fin y al cabo...
Sin embargo, en el último momento supo que la verdadera lección de todo el asunto no era una que alimentase alguna paranoia venial o mortal, que apuntase a la improbabilidad como único criterio de auténtica certeza, que arguyese el contrato como fundamento tácito o explícito de las reglas y las normas. La verdadera lección era que ahora él podía dar a conocer las antiguas reglas y convertirse en un innovador para siempre recordado de un juego tan popular y, hasta entonces, de tan rígido y tradicional reglamento.
Tomado de Juan Mari Arespacochaga Quesada, Mira tú por dónde, Santander, Ediciones del Séptimo Pereda, 2002.
jueves, agosto 27, 2009
A contratiempo (para una antología de lecturas de verano)
Durante algún tiempo celebramos nuestra habilidad para no coincidir en días y horas, posiblemente tampoco en diversiones, con la mayoría inmensa de viajeros, turistas y veraneantes. En ocasiones, celebrábamos lo que sólo considerábamos suerte, la de poder escoger o ser escogidos por días de carreteras más tranquilas y mesones menos frecuentados.
Después las cosas cambiaron. Y no sabemos si empeoró nuestra suerte o si mejoró la de la inmensa mayoría, quiero decir, si ésta empeoró un poco más. A veces discutimos qué es peor: la gran pérdida de unos pocos o la pequeña de lo muchos. Nos ponemos de acuerdo en que no podemos sumar a los unos y a los otros para hacer un todo y comparar. Por precaución, hemos mantenido esta conclusión secreta, para nosotros sólo.
Tomado de Joan Martínez Oliver, Carreteras del Secundario, Lleida, Los libros de los que se van, 2001.
Después las cosas cambiaron. Y no sabemos si empeoró nuestra suerte o si mejoró la de la inmensa mayoría, quiero decir, si ésta empeoró un poco más. A veces discutimos qué es peor: la gran pérdida de unos pocos o la pequeña de lo muchos. Nos ponemos de acuerdo en que no podemos sumar a los unos y a los otros para hacer un todo y comparar. Por precaución, hemos mantenido esta conclusión secreta, para nosotros sólo.
Tomado de Joan Martínez Oliver, Carreteras del Secundario, Lleida, Los libros de los que se van, 2001.
miércoles, agosto 26, 2009
Extraordinario (para una antología de lecturas de verano)
Resuelto a protagonizar un acontecimiento extraordinario, y más cuando ya concedía que él era un personaje ordinario, tanto que “personaje” era término que sonaba incongruente si le era aplicado, resuelto a que el relato de sus hechos se singularizase entre otros relatos, recorre el camino de todos los días y no hace nada distinto de tantos otros hombres y mujeres ordinarios. Porque sólo de ahí puede salir algo extraordinario, descartada la vulgaridad del acto heroico, psicopático, escandaloso, descartada la performance y el toreo de salón a los autobuses urbanos
Tomado de Antonio Urruti Uría, ¿Por qué nadie ha escrito su historia?, Bilbao, Gil Bert Editor, 2005.
Tomado de Antonio Urruti Uría, ¿Por qué nadie ha escrito su historia?, Bilbao, Gil Bert Editor, 2005.
martes, agosto 25, 2009
Balneario (para una antología de lecturas de verano)
Extraídos del catálogo los maniluvios -sólamente tachados de un ejemplar- , el gerente se muestra satisfecho. Sin embargo, no sabemos si el gerente sabe qué es un maniluvio o no lo sabe. Alguien le ha de recordar que la propuesta ha de pasar por el Consejo y que nada puede enviarse a la imprenta sin la aprobación de éste. La letra de los estatutos, si vamos a ello, no dice nada en cuanto a la página web. Por ahí, quizás...
Además, si se acaba el material impreso, hay que solicitar una nueva y buena remesa. Un pequeño error material, tipográfico, baladí, no convertiría en inútiles las decenas de miles de folletos, tinta fresca y hermosa. Las explicaciones hablarían de inevitables azares, nada de decisiones, apenas responsabilidades definidas. Está hallada una manera de lavarse las manos.
Tomado de Gustavo González Gili, Albornoz blanco en pabellón escarlata, Valladolid, Ediciones Simples,2001.
Además, si se acaba el material impreso, hay que solicitar una nueva y buena remesa. Un pequeño error material, tipográfico, baladí, no convertiría en inútiles las decenas de miles de folletos, tinta fresca y hermosa. Las explicaciones hablarían de inevitables azares, nada de decisiones, apenas responsabilidades definidas. Está hallada una manera de lavarse las manos.
Tomado de Gustavo González Gili, Albornoz blanco en pabellón escarlata, Valladolid, Ediciones Simples,2001.
lunes, agosto 24, 2009
La corte de los gintonics (para una antología de lecturas de verano)
De abuelos y bisabuelos heredaron, a través del servicio –fiel guardián de tradiciones y naftalinas– o de algunos frailes docentes, con mayor probabilidad e intensidad –y eran usos que habían adquirido la espontaneidad de aquella distinción de mayor eficacia etológica– de coetáneos a los que a su vez, siga usted aquí que yo sigo con otra cosa; de todos ellos, digo, el saber esperar en los veranos eternales al rey o a la reina y a una colección de figuras más que menos afectadas de carcoma, que eso es el suave quiliasmo de las clases se dice que pudientes y tan cercanas a la podredumbre de las provincias de templada costa.
Se fueron, se fueron todas las estantiguas y no volvieron. Quedaron los usos que dijimos y muchos años después asistiremos a la misma reunión que hoy nos acoge, aunque hayamos entrado como si fuéramos la sota de bastos y heraldos de una Visita que llegará, nadie lo duda.
Tomado de Ambrosio Cautelar, Del Eo al Urumea y tiro porque me toca, Zaragoza, La Canaleta del Bul, 2005.
domingo, agosto 23, 2009
Perspicacia (para una antología de lecturas de verano)
No dediqué esos años a una obra para la que algunos pudieron considerarme capacitado. Concedamos que fuera así, añadamos todos los argumentos posibles y, aún más, añadamos algunos traídos del extranjero e incluso del extrarradio. Subrayemos que yo era hasta tal punto el más capacitado que era como si fuera el único que lo estaba: que es lo mismo que advertir que la palabra "capacitado" tendría dos distintas significaciones. ya fuera predicada de mi o del resto del mundo.
¿Cómo ser libre entonces si no negándome a elaborar la obra a la que estaba llamado? Un acto gratuito que, sin duda, me salió caro.
Tomado de Antonio Urruti Uría, ¿Por qué no he escrito ninguno de los libros que no he escrito?, Bilbao, Gil Bert Editor, 2009.
¿Cómo ser libre entonces si no negándome a elaborar la obra a la que estaba llamado? Un acto gratuito que, sin duda, me salió caro.
Tomado de Antonio Urruti Uría, ¿Por qué no he escrito ninguno de los libros que no he escrito?, Bilbao, Gil Bert Editor, 2009.
sábado, agosto 22, 2009
Tiro tenso (para una antología de lecturas de verano)
Hablar en tiro tenso, auqnue no tengamos muy claro el asunto. Abstenerse de parábolas, hemos de suponer. Sin embargo, al escribir esto, no sé si se trata de tiro tenso o al contrario, sublimado de algún modo extraño e inescapable.
Tomado de Antonio Urruti Uría, ¿Por qué no he escrito ninguno de los libros que no he escrito?, Bilbao, Gil Bert Editor, 2009.
Tomado de Antonio Urruti Uría, ¿Por qué no he escrito ninguno de los libros que no he escrito?, Bilbao, Gil Bert Editor, 2009.
viernes, agosto 21, 2009
C'est la fin de l'été (para una antología de lecturas de verano)
Las tardes se enmustiecen y no va uno a salir de casa para ver qué está floreciendo heraldo del otoño. La actividad física, las empresas de escritorio y los buenos propósitos del pequeño año de agosto quedaron atrás y las tardes y las mañanas disminuidas por la pereza no nos dejan ni salir de casa.
Mi abulia espera aún de un 24 de agosto yo te conocí un nuevo milagro del invierno del mes de agosto, voluntad e impulso, pero aun el frigorífico está muy lejos... la luz es horizontal y da densidad al monte de allá enfrente, quita ligereza a todo, excepto a aquellos buenos y portentosos propósitos de los que hablamos. Cuando llegue septiembre, las hojas sean llamas, caigan luego en su noviembre funerario que decía el otro poeta, cuando al año de agosto, que es the second cruellest, no le queden otros melocotones -Calanda valga, blándulo idus- que aguardar a otro año de junio con sus cerezas o lo que sea menester.
Tomado de Alonso Yáñez, Las cuatro estaciones de la vía 12, Madrid, Libros del Saúco, 2008.
Mi abulia espera aún de un 24 de agosto yo te conocí un nuevo milagro del invierno del mes de agosto, voluntad e impulso, pero aun el frigorífico está muy lejos... la luz es horizontal y da densidad al monte de allá enfrente, quita ligereza a todo, excepto a aquellos buenos y portentosos propósitos de los que hablamos. Cuando llegue septiembre, las hojas sean llamas, caigan luego en su noviembre funerario que decía el otro poeta, cuando al año de agosto, que es the second cruellest, no le queden otros melocotones -Calanda valga, blándulo idus- que aguardar a otro año de junio con sus cerezas o lo que sea menester.
Tomado de Alonso Yáñez, Las cuatro estaciones de la vía 12, Madrid, Libros del Saúco, 2008.
jueves, agosto 20, 2009
Fundamentos (para una antología de lecturas de verano)
Se sentó en el sofá y se colocó el portátil sobre el regazo, la espalda muy hacia atrás. Para hacer el encaje de bolillos se pone entre las piernas el mundillo del modo que usted ve. Escribía o rellenaba un formulario, como se dice. Su posición invitaba a la melancolía en que desemboca todo, y contradictorio, ejercicio de la pereza. Descubrimos así la esencia de ese incrementadamente melancólico, y así también contradictorio, ejercicio. Rellena otro formulario. Multiplica las actividades irrelevantes y que están hechas para no distraer al ejecutante de su propia falta de concentración, que es un oxímoron en ejercicio.
Se va reclinando cada vez, sus fémures son un voladizo y lo es su trasero. La cabeza parece nacer del pecho. Se entrega a jurisprudencias vagas, que decía el poeta. A jurispendecias, que no sé si es un oxímoron en ejercicio o una redundancia.
Tomado de Antonia Franco Maisonave, El club de los solitarios busca sedes, Zaragoza, Libros del pájaro chogüí, 2009.
Se va reclinando cada vez, sus fémures son un voladizo y lo es su trasero. La cabeza parece nacer del pecho. Se entrega a jurisprudencias vagas, que decía el poeta. A jurispendecias, que no sé si es un oxímoron en ejercicio o una redundancia.
Tomado de Antonia Franco Maisonave, El club de los solitarios busca sedes, Zaragoza, Libros del pájaro chogüí, 2009.
miércoles, agosto 19, 2009
Siesta de un fauno (para una antología de lecturas de verano)
El bochorno, el bochornazo. Y lo vencemos poniéndonos mitológicos , variedad escalas intermedias. Pero la impedimenta no está hecha de los consabidos elementos botánicos y sí de la llamada sobremesa televisiva y de un ordenador que abunda en ventanas y pestañas múltiples. Y ésta que llamamos impedimenta ve sus partes, que son las dichas, conectadas del mismo modo que los sueños y su lógica, que –como se sabe, como se sabe, que es decirlo todo– es apolínea y no dionisíaca. Con lo que se nos jode la siesta y el tocar la flauta, por no decir la lira.
Tomado de Federiquito Noche, Apósitos y aforismos, Turin IA, Books of the Whispered Horse, 2001.
Tomado de Federiquito Noche, Apósitos y aforismos, Turin IA, Books of the Whispered Horse, 2001.
martes, agosto 18, 2009
Pesado (para una antología de lecturas de verano)
Alguien, por creerse pesado, por hacer ley de aquella ocasión en que le llamaron pesado, se convierte en una persona que rehúye hablar, que pasa al extremo opuesto de este eje conductual: el que jalona la coincidencia de las propias intervenciones verbales con los intereses de los circunstantes, definidos, claro está localmente y en dirección nornoroeste.
Este eje, que anhela y propone la mediocridad dorada de su baricentro, es un artefacto que oscila y se desbarata cuando los demás evitan dirigirle la palabra al personaje taciturno, dirán algunos ,que apenas habla, que casi ni contesta y que nunca dice nada que nos interese a todos, o a los que estamos por allí.
Tomado de Alicia Milicia, Espejo de los ceros en conducta, Sevilla, Libros XX, 2004.
Este eje, que anhela y propone la mediocridad dorada de su baricentro, es un artefacto que oscila y se desbarata cuando los demás evitan dirigirle la palabra al personaje taciturno, dirán algunos ,que apenas habla, que casi ni contesta y que nunca dice nada que nos interese a todos, o a los que estamos por allí.
Tomado de Alicia Milicia, Espejo de los ceros en conducta, Sevilla, Libros XX, 2004.
lunes, agosto 17, 2009
Severos gatos (para una antología de lecturas de verano)
Los gatos están tranquilos o quizá perezosos. Los gatos y sus correlatos en madera o pintados esperan la conclusión de la tarde, que traerá lluvia y la rara abulia de la última hora. Después de la lluvia será el tiempo de las expediciones y los caminos secretos que comunican patios traseros y la misteriosa frontera entre el poblado y el bosque, que nunca detiene al zorro y no siempre al jabalí, que transmite el ladrido del corzo o el cencerro equívoco de la vaca o del solípedo.
También están las yeguas hermosas, como la que hemos visto desde la carretera, la cabeza de su potrillo, detrás de ella, la convertía por un momento en una suerte de, digamos, machorra que distrae al conductor un segundo. El conductor frena al llegar y sorprende a un gato que recorre los territorios que conoce y que gusta de calentarse bajo los vehículos. Se calienta peligrosamente, incluso en este verano en que los gatos miran al cielo.
Tomado de Juan González Moreno, Meditaciones casi metafísicas, Logroño, Libros Peleones, 2009.
También están las yeguas hermosas, como la que hemos visto desde la carretera, la cabeza de su potrillo, detrás de ella, la convertía por un momento en una suerte de, digamos, machorra que distrae al conductor un segundo. El conductor frena al llegar y sorprende a un gato que recorre los territorios que conoce y que gusta de calentarse bajo los vehículos. Se calienta peligrosamente, incluso en este verano en que los gatos miran al cielo.
Tomado de Juan González Moreno, Meditaciones casi metafísicas, Logroño, Libros Peleones, 2009.
domingo, agosto 16, 2009
Siesta (para una antología de lecturas de verano)
Las siestas se clasifican según procedimientos que abusan generalmente de la sinestesia favorecida por la somnolencia y las exigencias sutiles o no tanto de la digestión. Hay siestas breves y efectivas (comentan algunos tratadistas), hay siestas que se prolongan y de las que cuesta salir; hay también siestas a tramos en las que los amodorramientos intensos y los despertares a medias se suceden a un ritmo tan lento que recuerdan a los llamados cánticos de las ballenas azules, o de algunas de sus primas hermanas.
Hay muchos otros tipos de siesta, desde la del pastor a la del escribiente, la que no se nota apenas y la que acumula la consistencia del pijama y el orinal, mejor o por lo menos más tradicional si éste es de barro.
Hay siestas interrumpidas por una guerra o por la noticia de un parto, las hay acompañadas de la incongruente música con que nos obsequia algún vecino y hay siestas en que soñamos que la motosierra del mismo vecino es alguna obra de Satie interpretada por un gaitero con un regusto extraño y espeso en la boca.
Tomado de Régulo Gómez Güemes, El derecho a la cereza, Madrid, Libros de los tres amantes, 2009.
Hay muchos otros tipos de siesta, desde la del pastor a la del escribiente, la que no se nota apenas y la que acumula la consistencia del pijama y el orinal, mejor o por lo menos más tradicional si éste es de barro.
Hay siestas interrumpidas por una guerra o por la noticia de un parto, las hay acompañadas de la incongruente música con que nos obsequia algún vecino y hay siestas en que soñamos que la motosierra del mismo vecino es alguna obra de Satie interpretada por un gaitero con un regusto extraño y espeso en la boca.
Tomado de Régulo Gómez Güemes, El derecho a la cereza, Madrid, Libros de los tres amantes, 2009.
sábado, agosto 15, 2009
Líquenes (para una antología de lecturas de verano)
Los líquenes parecen una contradicción en este verano más bien reseco, como un alimento crístico de Zurbarán, que dijo Valverde. Y lo parecen hasta recogidos del suelo, estantiguas ya en su arborificación geométrica y decorativa.
Hay más contradicciones en este verano nada singular, o tan singular como todos. En cuanto a la simbiosis, de la cual el líquen es prototipo preciado, las nuestras son seguramente más precarias. Así, éste es el verano en que hemos abandonado definitivamente el tomate raf y hemos vuelto al tomate de nuestros padres, mientras nos interrogamos por esa otra cuestión de nuestro tiempo, tomato's fault en su rama dorada de manzana de oro.
Tomado de Ricardo Guisasola, Los días y las ollas, Donosti, Ur eta Lur, 2009.
Hay más contradicciones en este verano nada singular, o tan singular como todos. En cuanto a la simbiosis, de la cual el líquen es prototipo preciado, las nuestras son seguramente más precarias. Así, éste es el verano en que hemos abandonado definitivamente el tomate raf y hemos vuelto al tomate de nuestros padres, mientras nos interrogamos por esa otra cuestión de nuestro tiempo, tomato's fault en su rama dorada de manzana de oro.
Tomado de Ricardo Guisasola, Los días y las ollas, Donosti, Ur eta Lur, 2009.
jueves, agosto 13, 2009
The stuff we are made of (para una antología de lecturas de verano)
El escritor Rudy Rucker relata en su blog los bienintencionados consejos que da a los que llama "emerging writers". Destacamos el siguiente párrafo:
Write what you love. Let the market follow you instead of the other way around. Use your whole self. Don’t hold back, don’t be embarrassed to write wild. Push for publication. If you can’t sell, enjoy it anyway…and consider starting a webzine with some friends. Writing is self discovery. Believe in the Muse.
Muy poético, letánico y más tetánico que letárgico. Nos atrevemos a recordar que lo que uno hace no es eso de "use your whole self". Lo que uno hace según los estudios neurománticos más recientes es "to use your whole shelf".
Write what you love. Let the market follow you instead of the other way around. Use your whole self. Don’t hold back, don’t be embarrassed to write wild. Push for publication. If you can’t sell, enjoy it anyway…and consider starting a webzine with some friends. Writing is self discovery. Believe in the Muse.
Muy poético, letánico y más tetánico que letárgico. Nos atrevemos a recordar que lo que uno hace no es eso de "use your whole self". Lo que uno hace según los estudios neurománticos más recientes es "to use your whole shelf".
Nobleza oblea (para una antología de lecturas de verano)
¿Qué fue del helado de corte, tan venido a menos? Hoy nos preparamos unos en casa con barquillo algo revenido. Pero cada año es más difícil ver a la gente por la calle con esa alternativa al cono con sección esférica adosada. El corte es incomodo y chorrea por más lados que el cucurucho, pero posee una elegancia arquitectónica que nos recuerda a un Scarpa y, tambien, a los nichos prefabricados. O a banderas en el polvo, en antiguos veranos, tan imaginarios como muchachas que se disolvieron en la brisa, saliencia y pregnancia.
Tomado de Roberto Sicilia, Prosas sólo levemente pornográficas, Valladolid, Ediciones del cuento, 1992.
Tomado de Roberto Sicilia, Prosas sólo levemente pornográficas, Valladolid, Ediciones del cuento, 1992.
miércoles, agosto 12, 2009
Ajedrez frontón (para una antología de lecturas de verano)
Destino de todos los juegos y de todos los jugadores: convertirse en un juego solitario o en un juego contra el mundo, que es nada y te deja solo. Confabulación en la que cooperan los periódicos, Internet y sus jugadores anónimos, los ordenadores y el tipo que tenemos enfrente en el café.
Y así es que bien puede afirmarse que lo que nos une es lo que nos separa y para siempre, un arcano que a decir verdad no sé cómo lo he descubierto.
Tomado de Jorge Valls, Contra el reloj, Valencia, Ediciones de la Torre Solitaria, 2009.
Y así es que bien puede afirmarse que lo que nos une es lo que nos separa y para siempre, un arcano que a decir verdad no sé cómo lo he descubierto.
Tomado de Jorge Valls, Contra el reloj, Valencia, Ediciones de la Torre Solitaria, 2009.

